En cualquier fiesta con karaoke en directo, siempre hay un primer momento de «tanteo». Los invitados miran el escenario, miran a la banda, pero nadie quiere ser el primero. Somos expertos en romper ese hielo y convertir la timidez en euforia.

Si eres el organizador, aquí tienes 5 trucos infalibles para que la lista de canciones se llene en tiempo récord:

1. El «Efecto Novios» o «Efecto Jefe»

El ejemplo siempre viene de arriba. Si los novios, el cumpleañero o el jefe de la empresa son los primeros en subir (aunque sea para dar cuatro gritos), el resto de invitados sentirá que tiene «permiso» para soltarse. Una vez que el anfitrión rompe el fuego, la barrera desaparece.

2. El poder de los grupos (Cuanto más, mejor)

A mucha gente le da pánico subir sola, pero se apuntan a un bombardeo si van con amigos. Fomenta los tríos, los cuartetos o incluso los grupos de diez personas. Nuestra banda de radiokaraoke.es tiene micros de sobra y espacio para que toda la pandilla cante «Sufre Mamón» a coro.

3. Elige himnos «Imposibles de no cantar»

Hay canciones que están en nuestro ADN. Es muy difícil quedarse sentado cuando la banda empieza a tocar los primeros acordes de «Vivir así es morir de amor» o «Chiquilla». Empieza la noche con hits muy coreables; el público empezará a cantar desde la silla y, antes de que se den cuenta, estarán en el escenario.

4. El «Momento Coros»

Diles a tus invitados que no hace falta ser el solista. Mucha gente se siente cómoda subiendo solo para hacer los coros o tocar una pandereta imaginaria mientras otro canta. Sabemos cómo involucrar a todo el mundo para que nadie se sienta expuesto.

5. La complicidad de la banda

No somos estatuas; somos animadores. Interactuamos con el público, bromeamos y bajamos del escenario si hace falta para invitar a alguien a subir. Esa cercanía hace que el escenario deje de parecer un sitio imponente y se convierta en la zona más divertida de la sala.

Conclusión: La vergüenza dura solo una estrofa

En cuanto empieza el primer estribillo y los invitados sienten la fuerza de la batería y la guitarra a su espalda, la vergüenza se transforma en adrenalina. Te garantizamos que, una vez que alguien sube, ¡siempre quiere repetir!